14 de marzo de 2008

Prehistoria felina; Pituto

Voy a empezar por la prehistoria. La mía, por lo menos.

Mis padres se conocieron, se casaron, y se fueron a Australia. En un período de 3 meses. Es una historia para otro post (u otro blog). Lo que viene al caso fue que sus vecinos australianos tenían un gato siamés Lynx-point. Eso significa en criollo que era un siamés con las extremidades y las orejas rayadas, sin duda producto de algún desliz inadvertido de algunos siameses muy bien capitalizado por sus criadores.

Mi madre le dio tantas veces de comer los camarones de su comida china que el gato replanteo su contrato social con las personas con las que vivía. Los vecinos australianos, gente práctica, aceptaron que no tenían interés en contraofertar los camarones y el gato cambió de “dueños”.

Pituto fue el primer tirano felino familiar del que tengo registros históricos. Entre sus hazañas, conseguió que le compren varios tipos de comida en lata, que por alguna razón se abrían todas a la vez y el gato no se dignaba a terminar. Ese gato fue el hijo primogénito en cierto sentido, por lo menos hasta que nací. No vino con mi padre y mi madre embarazada de mi a Argentina porque sospecharon que no sobreviviría el vuelo transpolar.

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