25 de mayo de 2008

The naming of Cats. parte II

Estaba en plena cacería de un gato naranja para casa cuando Tuki me sorprendió manifestando serias intenciones de adoptar un gato.
Tuki es mi media toronja. Siempre habíamos hablado de tener un gato y siempre habíamos llegado a la conclusión que era demasiado complicado. No estaba nunca en su casa. Tenía pensado empezar un Phd pronto, en otro país.

Yo me comprometí desde el principio a adoptar al gato cuando se fuera. Si se iba. Que se fuera y que adopte un gato eran temas de conversación, mas o menos vagos, como viajar a st peterburgo o a praga. El quería un gato negro con patas blancas y lo iba a llamar Bismarck. El capricho había salido de haber leído demasiadas veces El tambor de hojalata de G.Grass
Me lo había leido en voz alta en una de nuestras primeras salidas.

Les copio unas lineas:

"Érase una vez un músico que se llamaba Meyn y tocaba maravillosamente la trompeta. Vivía en el cuarto piso, bajo el tejado de un inmueble de pisos de alquiler, mantenía cuatro gatos, uno de los cuales se llamaba Bismarck, y bebía de la mañana a la noche una botella de Ginebra. Esto lo siguió haciendo hasta que la calamidad vino a hacerlo sobrio"


Debería haber sospechado de las intenciones del Universo cuando lo del gato se concretó. De un dia para el otro, me pidió que lo acompañe a ver un gatito.

Lo fuimos a ver. Era todo gris y juguetón y lindo. Lo adoptamos poco tiempo después.
La foto es del día en que llego. Atrás esta el masajeador de los abuelos de tuki. Desde el principio ese gatito tuvo adicción a los cables de baja tensión.



Sobre como se iba a llamar estuvimos discutiendo sin parar. Los niveles de intransigencia llegaron cerca de aquellos de las peleas en el videoclub, en las que yo termino insistiendo por musicales y el por "la monja asesina biónica". Todos los inocentes bystanders en esos momentos fueron sometidos al referendo. No se podía llamar Birsmarck, porque no era negro con patas blancas.

Con mis amigas habíamos llegado a la conclusión unánime que el gato se tenia que llamar Sergio Dennis. Si. Sergio Dennis. Me sigue pareciendo un nombre excelente para gato.

Otras alternativas que llegaron al ballotage fueron, pero es mejor ponerlas en forma de diálogo.

Como se llama el gato?
1) "que gato"
2) "yo no veo ningun gato"

Claramente, si ganaba la opción 2 le diríamos "yono"

Tuki quería que se llame Goldstein. Nunca me cerró, pero el gato iba a ser ligeramente mas suyo que mío. Se termino llamando Elías Goldstein. Llegó al hogar con unos dos meses y medio, adentro de la caja de una plancha. Todavía lo tenemos, todo el mundo lo ama.

17 de mayo de 2008

"Comida de gato"

No se por qué le decimos comida de gato a eso que le damos de comer a nuestros gatos de manera intermitente entre darles tantas otras cosas que los gatos claramente prefieren y de las cuales probablemente terminen comiendo cantidades mayores relativas.

Propongo terminar con la hipocresia de decirle al alimento balanceado comida de gato, cuando obviamente se trata de ligeros snacks que comen entre comidas reales. Probablemente directamente de nuestros platos, sentados encima de la mesa de comer.

Cuando eramos chicos en casa, vino un invitado sueco. El creyó que era bastante impresionante que nosotros corrieramos por todos lados sin parar. Para lo que seguramente no estaba preparado fue para los dos gatos sentados firmes encima del mantel de lino guardado para invitados especiales, esperando su parte de la cena.

No volvimos a verlo.

Gatos que hablan: la verdad de la milanesa

Hace mucho que no posteo, ya se

Como compensación, un par de videos graciosos. Todos queremos saber que dicen los gatos como maullan, no? esta es la respuesta!



y su traduccion:

1 de mayo de 2008

Desvío: Fidelio y el dilema del gato naranja.

El luto de despedida de Lauro fue tremendo. Era la primera vez en 20 años- desde que tenia conciencia, que no estaba Lauro en casa. Y era la primera vez que no teníamos gato.
No había gato en casa, así que no era casa.

Sabíamos que íbamos a tener otro gato. Cuando pasaron unos meses, empezamos a pensar que íbamos a hacer.

Acá tengo que tomar un desvío canino. Teníamos un perro. Akita, lo que quiere decir para los que no lo sepan un perro japonés parecido al siberiano con ojos oscuros y mas musculoso. Ya habíamos tenido uno de esta raza, encantador pero escapista y mujeriego.
A ese se lo robaron porque era más bueno que Lassie.
Después vino Fidelio.
A Fidelio nos lo entregaron en comodatto. Una criadora lo usaba solo de semental, lo tenía en una jaula.
La antigua dueña tendría acceso ilimitado y gratuito al perro con fines reproductivos (no personalmente, mind you). Nosotros nos comprometíamos a no lucrar con el de esa manera.

No estamos seguros si lo metieron en una jaula porque era si, o se puso así porque lo metieron en una jaula, pero Fidelio llego a casa con algunos trastornos. Para empezar, uno estético, bastante grave: se había mordido la propia cola hasta dejarla pelada, lo que daba un aspecto bastante extraño de hermoso perro de raza con cola de rata.
Cuando dejo de ser cachorro, se volvió una maquina de morder extraños, lo que termino aislándolo en el jardín trasero. Es como casa tomada, jardín tomado ahora. Cada vez que vienen visitas hay refuerzo de seguridad. Cada vez que viene el jardinero, es una operación mas parecida a alcatraz, en la que perro y civiles deben estar siempre a dos puertas de distancia.

El tema entonces era que estábamos pensando en tener un gato nuevo pero no sabíamos si iba a sobrevivir un encuentro con el dragón.
Vivi entonces empezó con la cantinela que quería un gato naranja. La melancolia venia de esa gata naranja original, que apareció y desapareció tan rapido.

Cada vez que le decían que tenían un gatito para ofrecerle, vivi inevitablemente preguntaba:
- Es naranja?
- Emmm. No

Suspiraba decepcionada.
Habían pasado unos 6 meses de la muerte de lauro. Yo estaba buscando trabajo (proceso tedioso si los hay, deberían pagarle a uno por hacerlo). Me puse en campaña para conseguir un gato naranja, dentro de lo posible, antes de Navidad.